lunes, 9 de marzo de 2009

COMUNICADO DE LAS MUJERES SAHARAUIS


Un año más, las mujeres del Sáhara Occidental queremos conmemorar el Día Internacional de la Mujer, como una fecha en la que celebramos los logros obtenidos por la mujer a lo largo de un combate difícil que se libró y continua siendo librado en muchas partes del mundo por la consecución del reconocimiento pleno de sus derechos políticos, sociales y económicos.

En países libres y en el marco de una sociedad democrática, este combate ha dado resultados históricos que han configurado y definido las agendas nacionales de fuerzas políticas y Gobiernos que en el pasado estuvieron reticentes o incluso vieron con desconfianza el clamor legitimo de un pilar esencial de la Humanidad.

Las mujeres que pertenecemos a países del Tercer Mundo estamos de forma visible implicadas en esta gran batalla, por convicción política y moral, aun teniendo sobre nuestras espaldas la doble carga – como en el Sahara occidental- de tener a nuestro país ocupado por una fuerza extranjera y al mismo tiempo de padecer un grado de subdesarrollo que estrecha el margen de la acción liberadora.

Es por ello que debemos alertar a nuestras hermanas de esas sociedades democráticas y avanzadas sobre la enorme importancia de la mano generosa que deben seguir tendiendo para que podamos encontrarnos todas a salvo de las profundidades en donde el colonialismo, las ocupaciones extranjeras y el subdesarrollo nos habían sumergido por siglos enteros. Ello requiere una visión global pero también específica para cada caso, ya que, nosotras, mujeres del Tercer Mundo, aun unidas por una tragedia común originada por esas cargas, tenemos problemas y necesidades específicas diferenciadoras.

El origen beduino de la sociedad saharaui, generó una cultura igualitaria en la que la mujer tiene un peso específico dentro de las responsabilidades de su comunidad. Es esa cultura de origen la que explica también hechos que puedan ser curiosos para ojos euro-céntricos, como es el ver en sociedades asiáticas, de cultura hindú o musulmana, como en India, Bangla Desh, Pakistán, Sri Lanka, a mujeres Jefes de Estado o primeros Ministros.

En la sociedad saharaui, la mujer no ha llegado todavía a ese grado de accesión al poder político, pero se jacta del hecho, también curioso para dichos ojos, de ser una mujer libre de la violencia domestica , y de pertenecer a una sociedad pacífica donde el crimen es realmente una rareza.

Nuestro problema hoy no son las trabas para llegar al poder político o cursar estudios universitarios o ser victima de prácticas sexuales arcaicas.

Nuestro problema esencial e inmediato hoy es relativo al derecho básico de existir como pueblo y como nación libre y soberana ante la continua ocupación de nuestro país por Marruecos.

La ocupación marroquí de nuestro país ha sido posible y sigue siéndolo porque países democráticos europeos así lo han decidido. De aquí se deriva la responsabilidad añadida que recae sobre las espaldas de nuestras hermanas dentro de dichos países para influir en un cambio de política.

La ocupación marroquí ha partido en dos a nuestro país, a través de un muro rodeado de minas y alambradas que no tiene parangón con el de Berlín. Ha dividido en dos a nuestro pueblo y a cada una de nuestras familias. Hemos conocido en carne propia la guerra en su expresión más brutal, rayana en el exterminio físico, servido por medios que van del NAPALM, y el fósforo blanco, hasta las minas personales.

En la parte ocupada de nuestro país, la violación por Marruecos de los derechos humanos más básicos, la practica de la tortura, el confinamiento en cárceles secretas sin juicio o en juicios sumarios, los abusos sexuales, no distingue entre géneros. La mujer saharaui, joven o menos joven, es víctima diaria de este atropello que tiene lugar a menos de 100 Km. de las Islas Canarias.

Nos resulta difícil de comprender y de aceptar que nuestro calvario sea alimentado y prolongado por países democráticos, como lo fue ayer el Apartheid. Nos entristece que la visión del doble rasero, del doble Standard en relación a la justicia, a los derechos humanos, a la legalidad internacional sea aplicada en el caso del Sahara occidental por países democráticos. El mensaje que conlleva es de un impacto profundo y da una razón suplementaria a planteamientos extremistas.

Creemos firmemente en un futuro de libertad. El pueblo saharaui llegara tarde o temprano a recuperar su libertad y es en la fe en ese objetivo la que nos permite y, en cierto modo, nos obliga, a proseguir en el combate por la plena realización de nuestros derechos como mujer y parte fundamental en el devenir de nuestra nación. Las mujeres saharauis contamos para esta misión con un capital humano formado y luchador, una mujer que como dicenuestra Ministra de Cultura Jadiya Hamdi “soporta dos pesos en su balanza; por una parte el deber y por otra su corazón, siempre sin perder el equilibrio”.


Saludamos a las defensoras saharauis de derechos humanos que luchan por la libre determinación de su pueblo, como Aminetu Haidar, premio Robert Kennedy a los derechos humanos, Jimmy Al-Galia, Fatma Hayachi, SukainaJedahlu, Sultana Jaya, Galana Burhah, Enguia Bujers, a las madres de los 15 jóvenes desaparecidos, a las mujeres anónimas del Sáhara Occidental que con su esfuerzoy su lucha diaria fortalecen las esperanzas en un mañana de libertad y dignidad. Las Mujeres Saharauis seguiremos luchando por la liberación de nuestro pueblo y por ocupar el espacio que nos corresponde en la sociedad. Para ello, hacemos un llamamiento a todos los países y pueblos amantes de la justicia y la paz, a la comunidad internacional a fin de que hagan todo lo posible para evitar la continua violación de la legalidad internacional que supone la ocupación del Sáhara Occidental.
Fotografía: Lorenzo Machín

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